
A veces la vida interna se transforma en un problema interno, una especie de capullo que encierra al alma y disminuye todos nuestros sentidos a tal punto que dejamos de percibir lo que pasa en el exterior.
Cuando uno se da cuenta de lo hermosa que es la vida y de que no vale la pena desperdiciar un solo segundo de la misma, logra romper ese capullo y resucita con todos sus sentidos exacerbados de modo tal que encuentra un valor altísimo en las cosas que lo rodean, sean grandes, medianas o pequeñas.